Los belgas tienen una relación extraña con sus inmigrantes árabes. Por una parte les incomoda tenerlos en su país y, por la otra, llenan a diario las mesas de sus restaurantes de Pitas. A las papas fritas que sirven en esos restaurantes me refiero. Ésta es la manera correcta de servirlas: Primero, corte las papas. Corte muchas papas. Haga unos cortes perfectos, casi inmejorables. Y déjelas todas juntas sobre la feidora. Cuando un cliente le pida unas frites, meta algunas sobre la freidora, introduzca la freidora en el aceite y haga otra cosa, cualquier cosa, pero que parezca que usted se ha olvidado, por completo, de las papas fritas que están dentro de la freidora. Vaya y venga a paso rápido por el local, como si lo estuviese persiguiendo un fantasma. Y, de repente, aparezcase de nuevo en la freidora, sáquela del aceite hirviendo, sacudala furiosamente durante unos segundos y sáquela de ahí. Pero asegúrese de que el cliente crea que las papas quedaron muy grasosas. Y después, como por arte de magia, quíteles a fuerza de golpes todo el aceite que tenían de más. Pregunte al cliente si las quiere con sal. Ahora ha llegado el momento de coger ese enorme salero y de echarles a las papas sal a manos llenas. Me refiero a que parezca que las va a salar. Como si quisiera crear otro mar muerto dentro de ese montón de papas. Pero no se preocupe, no se salarán, de hecho, quedarán en su punto. Después, sírvalas en un cono o un pequeño recipiente de cartón. Pero sírvalas con una pala metálica circular haciendo un escándalo cada vez que mete y saca la pala. Si tiene una Pita al lado, llene el pan Pita de papas fritas. Rebózelo. El secreto está en que, una vez que se llenó el recipiente, en caso de que el cliente las haya pedido à emporter (para llevar), siga arrojando encima papas fritas. No se detenga ni por un segundo. Llene eso de papas como si fuera la tierra que se arroja sobre un ataúd y, una vez a ras del suelo, se sigue llenando para formar un lúgubre montículo. Exagere. Dispérselas como esas diásporas de judíos, sin territorio, formando una nación alrededor del mundo. O como esos turistas japoneses que cargan sus cámaras fotográficas y ponen cara de sorpresa frente a todos los monumentos que se encuentran. Y al final, cubra el recipiente lleno de papas fritas con un papel. No cualquier papel, sino un papel de cartón. Y no se preocupe por el despilfarro de papas fritas o de sal, en la vida, por cada cosa que se da de más, se obtiene el doble de recompensa. Si no es aquí, en la vida futura. Confíe.
miércoles, 21 de octubre de 2009
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