domingo, 11 de octubre de 2009

CONVIVIR CON EL ESCRITOR

Esta tarde, más bien, esta noche, porque cuando me asomo por la ventana o bajo el frío y oscuro cubo de la escalera y miro hacia fuera, encuentro ya, cuando todavía no son las 8 de la noche, una noche inmensa y silenciosa. Llevo media hora leyendo a Enrique Vila-Matas. Para los amantes de la literatura, y de encontrar literatura y escritores y citas por todas partes, leer a Vila-Matas es un placer. He leído algo interesante. El binomio Borges-Bioy Casares es, quizá el más fecundo de la literatura. Juntos, los dos escritores argentinos escribieron algunas de las mejores páginas de la literatura. En el diario de Bioy, aparece cerca de mil veces la nota donde se puede constatar que Borges había ido a comer a su casa. Pero la esposa de Bioy ya no quería que Borges fuera tanto. Y eso lleva a Vila-Matas a reflexionar sobre el hecho de que, mientras algunas personas hubiesen dado todo lo que tenían por convivir con Borges, a ella no le interesaba para nada. Es decir, algunos quieren algo con todas sus fuerzas y jamás lograrán conseguirlo, mientras que otros no lo quieren y les llega con una facilidad asombrosa. Paradojas de la vida. Inexplicables. El otro caso es el de Fernando Pessoa, para muchos, el mejor poeta (y narrador) del siglo XX. Su hermana menor convivió con él de cerca. Pero dice que no pasaba mucho tiempo a su lado, a pesar de que vivían juntos y de que Pessoa era un hombre muy solitario. Al final de su vida, pues ella vivió casi cien años, reflexionó sobre todo el tiempo que pudo pasar con un escritor tan importante (que además era su hermano) y, simplemente, no lo hizo, y dejó que él pasara la mayor parte del tiempo solo. A veces él quería leerle algo de lo que habían escrito él o alguno de los tantos heterónimos que cultivó. Ella lo escuchaba un poco, pero nada más. En las páginas de la poesía de Pessoa y en algunas páginas de su narrativa está contenida toda la espesura del espíritu humano. Dicen que no es fácil convivir con los genios. Normalmente son personas difíciles y solitarias. Con tendencia a la depresión. La sensibilidad que requieren para lograr obras de esa magnitud tiene un precio que pagar. En ese sentido algunos genios son como mártires de la humanidad. Sufren ellos para dejarle a la humanidad un mundo un poco más bello. Menos hostil. O más humano. Pero hablaba de esta noche. Esta noche inmensa y silenciosa, en la que, tumbado boca abajo en un colchón, leía a Enrique Vila-Matas.

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