Una vez leí, en el libro "Hammerklavier", de Yazmina Reza, sobre una mujer mayor, que se la pasaba mirando las guerras en televisión. En ese momento estaba mirando la guerra en Afganistán o en algún sitio de los Balcanes. Alguien le preguntó por qué le gustaba tanto mirar la guerra (si la guerra es algo abomible y más abominable que la pasen por televisión). Y ella respondió que no era la guerra lo que miraba, sino los paisajes que habían detrás de las imagenes de la guerra. Unas montañas hermosas. Las guerras casi siempre ocurren en aquellos lugares inaccesibles de las montanas con rocas escarpadas y niebla. Eso mismo, creo yo, puede aplicarse para todo en la vida. Detrás de toda belleza existe algo de fealdad y detrás de toda fealdad existe algo de belleza. La vida es un un paisaje hermoso cubierto por una guerra atroz.
sábado, 10 de octubre de 2009
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