Hace dos semanas viajé a Bruselas para dejar mi currículum vitae en el Instituo Cervantes. De regreso abordé un tren en la Gare Du Midi. Regresaba a las 16:46. Me acomodé en el asiento. Afuera, había dos jóvenes manoteando. Pronto descubrí que no manoteaban. Estaban hablando el lenguaje de los sordomudos. Me conmoví. ¿Cuál de los dos era el sordomudo? ¿O eran los dos sordomudos? ¿Se conocerían en una escuela de sordomudos? El lenguaje que utilizaban me pareció poético y se tocaban mucho el corazón, por lo que adiviné que se extrañarían. Ella se quedaría en la estación y él subiría al tren. Él, desde la ventanilla, ella, en el andén, seguían comunicándose a señas. Por un momento pensé que el lenguaje de aquella joven pareja de sordomudos se parecía a la danza. Y recordé a Vaslav Nijinsky. Hace tiempo leí sus diarios en uno de esos sillones negros del Fondo de Cultura Económica Rosario Castellanos de la ciudad de México. Son una joya, desde el punto de vista literario. Enloqueció a los 31 años, y sus diarios, a pesar de haber sido escritos en plena locura son, al igual que los diarios de Strindberg y las cartas de Van Gogh a su hermano Theo, de una lucidez asombrosa. No creo que exista un bailarín superior a Nijinsky. Jean Cocteau escribió: "Nijinsky ejecutaba un salto tan contrario a las leyes de la gravedad, describiendo una trayectoria tan elevada que yo nunca volveré a oler una rosa sin que el espectro aparezca". Una vez, cuando le preguntaron a Nijinsky si era muy difícil saltar como él lo hacía, dijo: "No, no. No es difícil. Lo único que se necesita es subir y pararse un rato arriba". La danza expresa con movimientos corporales emociones y sentimientos humanos que, de otra manera, serían inexpresables. Eso es lo que yo miré en aquellos jóvenes. Lo que ellos hacían con las manos y los gestos era un poema de amor. Una danza con las manos. No era el lenguaje de los sordomudos, en sí, lo que me dejó perplejo, puesto que ese lenguaje lo había visto muchas veces en la televisión donde ponían a una sordomuda a traducir para los sordomudos las noticias. Eran los sentimientos y las emociones de esos dos jóvenes al traducirlos con las manos y los gestos. Al final de cuentas, eso es el arte. El arte es siempre una traducción. Una traducción de lo inombrable.
sábado, 10 de octubre de 2009
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