martes, 13 de octubre de 2009

LEER LAS CALLES

Pessoa decía que las calles son libros. Esta noche me perdí y fuí a dar a una calle miserable. Sobre los cubos de basura había montones de gatos. Las ventanas abiertas, el interior de los apartamentos, levemente iluminados. Sólo me topé con una mujer. Una mujer joven. Tenía la cabeza rapada. Un canal la atravesaba desde la frente hasta la nuca. Por un momento pensé que su cabeza era una extensión de la misma calle. Y sentí miedo de perderme en ese callejón sucio y deshabitado. Sólo un árbol seco. Una farola parpadeante al final de la calle. Una paisaje sombrío. Pero no todas las calles son como ésa. Ni las plazas. Ni los parques. Los hay también cubiertos de hierbas. Y eso que ven, ese cielo, es poca cosa. No es un cielo cualquiera sobre una ciudad cualquiera. Es un cielo revuelto sobre un cielo sin nubes, o sólo con unas cuántas nubes rasgadas, sobre las casas de tabique rojo aparente, todas iguales y todas diferentes. Un cielo que a veces permite contemplar sus estrellas, mientras abajo duermen, envueltos en sucias frazadas, los inmigrantes. Lo que se lee en las calles y en su gentes son las historias de la ciudad. Nadie tiene que contarlas porque se cuentan por sí solas. Esos rostos fatigados hablan del tedio y del trabajo diario. De las desdichas del hogar. De los sinsabores del tiempo. Los árboles son testigos silenciosos e impasibles. Sólo hay que ver la posición de sus ramas y la vibración de sus hojas. Las paredes de los edificios, grises por el humo de los escapes de los automóviles. Y esas caras tristes mirando a través de los cristales de los autobuses. Las calles son libros y narran historias de amor y dolor y desamor y terror y desolación y esperanza. Cada paso de los transeúntes es una palabra nueva en el abecedario y cada rostro una frase más. Por la noche se cierra un capítulo y se abre otro al amanecer. Siempre hay un entusiasta que camina por las calles lleno de vida y un soberbio e inconforme que, frente a una ventana, dice: "Sol, insolente y glorioso, no tengo necesidad de tu calor. Suspende tu trayectoria. Tú sólo iluminas las superficies. Yo busco quién ilumine las profundidades". Ha cerrado la noche sus puertas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario