El otro día caminé por la Rue d´Havré. Las hojitas verdes de los arbolones de la acera temblaban y se agitaban con el frío viento de la tarde. La acera estaba cubierta de hojas secas. Un hombre barría las hojas secas. De todos los trabajos del mundo, ese me habría gustado desempeñar: barrer las hojas secas de una ciudad. Al barrer las hojas secas lo que barremos es el otoño. Y con el otoño la nostalgia de todo aquello que vivimos alguna vez, que nos hizo felices, y que jamás volverá a ocurrir. Al barrer las hojas secas lo que barremos es la belleza de esos árboles que están ahí, desde quién sabe cuándo, y que nunca se han quejado de nada. Lo que barremos es nuestro temor de que el tiempo pase y nosotros envejezcamos y nuestros sueños de juventud sean cada vez más inalcanzables. Lo que barremos son nuestras tristezas vividas a lo largo del último año. Lo que barremos es la esperanza de vivir un otoño más, y volver a ver esas mismas hojitas de los árboles temblando con el viento frío de la tarde. Las mismas hojitas que un día nos tocará barrer a nosotros. Secas y muertas. Como terminaremos todos nosotros y nuestros seres queridos, dentro de cien años. Ahora, seamos honestos. Nadie quiere, en realidad, barrer las hojas secas de una acera o de un jardín. El jardín es más hermoso con sus muertos que sin ellos.
lunes, 12 de octubre de 2009
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Me encanta el otoño, cuando las hojas de los árboles comienzan por fin a cambiar de color, cuando puedes verlas verdes, amarillas o rojizas. Esa es la primera parte del otoño, que tanto me gusta, que tanto disfruto. La segunda, es un poco más triste. Esas mismas hojas caen, completamente muertas. Pero encima de ese escenario un poco triste, encima de toda la nostalgia que me invade en esos momentos, siento una inmensa dicha de poder hacer crujir esas hojas, en el piso... de ver cómo revolotean con el viento, de ver cómo mantienen su forma aún a pesar de todo. Y me gusta también el olor del otoño, cuando sientes que hay algo especial en el ambiente, que no se puede definir. Una mezcla del olor del aire frío con algún sentimiento un poco indefinido, entre la alegría de los días soleados y la tristeza de aquéllos de lluvia; entre el sentimiento de una vida plena y al mismo tiempo, de una soledad inmensa. Todo ese contraste, hace que me encante el otoño, con sus hojas de mil colores, y sus hojas secas en el piso.
ResponderEliminarTe quiero mucho.
Tu Maga.