lunes, 9 de noviembre de 2009

LA MUJER DEL CIGARRO

Cada tarde, cuando recorro la Rue Peine Perdue, más que una calle, un pequeño callejón, para salir hacia la Rue d'Havré, y tomar mi camino diario hacia la universidad, encuentro a una mujer rubia, que utiliza un mandil negro en la cintura, que sale a fumar a la acera. Supongo que la puerta que utiliza es la puerta del traspatio del l´impasse, un restaurante donde no entra nadie, con la fachada gastada y sucia. Esa mujer tiene la cara más triste del mundo. Mira el suelo y fuma. Tiene la piel enrojecida por el frío. He querido saludarla dos veces: Bonjour... Pero siempre encuentro la misma indiferencia de su parte. No he dejado de preguntarme por qué esa joven sale todos los días a fumar, sacando a la calle su enorme tristeza.

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