Cada tarde, cuando recorro la Rue Peine Perdue, más que una calle, un pequeño callejón, para salir hacia la Rue d'Havré, y tomar mi camino diario hacia la universidad, encuentro a una mujer rubia, que utiliza un mandil negro en la cintura, que sale a fumar a la acera. Supongo que la puerta que utiliza es la puerta del traspatio del l´impasse, un restaurante donde no entra nadie, con la fachada gastada y sucia. Esa mujer tiene la cara más triste del mundo. Mira el suelo y fuma. Tiene la piel enrojecida por el frío. He querido saludarla dos veces: Bonjour... Pero siempre encuentro la misma indiferencia de su parte. No he dejado de preguntarme por qué esa joven sale todos los días a fumar, sacando a la calle su enorme tristeza.
lunes, 9 de noviembre de 2009
GATOS II
Decía yo que los belgas tienen una estrecha relación con sus gatos. No sólo con sus gatos, sino con los gatos de todo el mundo. También con los gatos que ven por las calles. Esta mañana, en la Rue de Clef, un automovilista se detuvo, co,o lo hacen todos los automovilistas, a escazos metros del "paso de zebra". Lo natural era suponer que una persona cruzaría la calle. Pero lo que cruzó fue un gato, negro con blanco, que esperaba de un lado de la acera hasta que no pasara ningún automóvil para cruzar. Después de asegurarse que el felino estuviese a salvo al otro lado de la calle, el automovilista aceleró y continuó su camino.
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